Mauricio Llaver

Apuntes sobre el vino sin alcohol

Hace unos días escribí en mi Newsletter sobre los vinos sin alcohol, y entre varias respuestas me llegó una de Pedro Marchevsky, figura de larguísima trayectoria en la vitivinicultura argentina, enviada desde España para ser transmitida a los lectores. Aquí aporto las dos notas.

LOS VINOS DE CHATEAU LACOSTE

El enólogo Lucas Giménez, de Finca Iral y La Coste de los Andes, armó hace unos días una degustación de vinos desalcoholizados franceses y la conclusión no podría haber sido más contundente para mí: la tendencia es indetenible, discutirla es absolutamente inútil, y los pocos productos que estamos probando en estos tiempos van a ser muchos más en cantidad y muy distintos en calidad en los próximos años. Así que lo primero que puedo decir es que, si somos capaces de producir café descafeinado, leche deslactosada, cerveza sin alcohol y gaseosas sin azúcar, es absolutamente lógico que produzcamos vinos sin alcohol: no es cuestión de discutirlos, es cuestión de hacerlos bien y subirnos a la ola antes de que nos lleve puestos. Para ayudarme a llegar a esa conclusión (era la segunda vez que tomaba vinos sin alcohol), Lucas abrió un par de botellas de Chateau Lacoste, la bodega que el grupo dueño de La Coste de los Andes posee en la Provence, sur de Francia. Las botellas son preciosas y parecen diseñadas para un perfume, y debo decir que mientras una de ellas me pareció una especie de jugo más sofisticado -eso sí, rico- la otra, producida como espumante, me pareció muy interesante, y creo que, si se sirve bien fría, en copa de champagne, en muchas ocasiones puede pasar como piña. Describir ese producto -primero elaborado como vino, antes de que se le quitara el alcohol- no tiene el menor sentido, porque es sólo uno de los primeros pasos para lo que en algún momento será una bebida mucho más competitiva. Pero vale la pena saber que ya se están haciendo y que, si no nos subimos a esa tendencia, otros lo harán por nosotros. Y siempre es bueno recordar que la realidad no es ni buena ni mala sino que, simplemente, es como es. Y que si tenemos que hacer vinos sin alcohol, más vale que nos arremanguemos y lo hagamos como los dioses mandan, antes que ponernos a discutir sobre si eso es vino o no. En una de esas, los resultados nos sorprenden y le terminamos encontrando una nueva vuelta a la mejor bebida del mundo, para bien de todos los que viven de esa industria.

EL APORTE DE MARCHEVSKY

La semana pasada escribí sobre los vinos sin alcohol y, a pesar de saber que el tema provoca cierto ruido, recibí una muy mayoritaria respuesta positiva por parte de los lectores. Uno de ellos fue Pedro Marchevsky, ingeniero agrónomo y hombre de consulta en muchas de las principales bodegas argentinas, quien cuenta con una larguísima trayectoria, y quien desde su actual residencia en España me envió el siguiente comentario, para ser compartido en este Newsletter:

“El problema de la vitivinicultura es su importante caída del consumo, especialmente en las nuevas generaciones, que no quieren consumir o son presionadas al consumo de alcohol.

“La cerveza encontró que el ofrecimiento de la cerveza sin alcohol fue un éxito, ya que su consumo crece, llegando en España al 14% del total y al 40% en algunas marcas.

“Esto ocurrió porque los cerveceros entendieron el problema y lo asumieron con libertad y creatividad y terminaron por ofrecer un buen producto, con calidad y características particulares que le han permitido tener éxito y expectativas de crecimiento. En el vino debemos aprender de ellos y crear un producto derivado de la uva que sea muy agradable y apreciado por el consumidor.

“En Argentina hay que aprovechar la coyuntura de tener más libertad y despojarse de la parafernalia del marketing vitivinícola y crear una bebida agradable, con fruta fresca, color bello y sensación de boca que sea muy bueno para su consumo, con comida y sin ella.

“Los enólogos deberán trabajar duro para encontrar la relación de dulzor, acidez, aroma frutal y su complejidad con otros componentes que pueden venir de la madera, como la vainilla y los furfurales tostados, etc. Hay mucho trabajo por delante y muy grandes las posibilidades de producto exitoso. Es importante liberarse de los preconceptos y liberarse por parte de los formadores de opinión de los preconceptos del buen vino, que en esta última etapa no le ha hecho mucho favor a la industria, según mi opinión. Me parece muy interesante y desafiante!!!”

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