Mauricio Llaver

Ese Homo Felix que me hace feliz

Cada vez que tomo un Homo Felix, el vino que produce Patricio Eppinger, me siento totalmente reflejado en el espíritu de la marca: un “hombre feliz”. Se trata de un proyecto pequeño, pensado con una mirada larga, en el cual cada botella tiene que expresar lo mejor de cada cosecha y cada vino tiene que ser inolvidable para quien lo deguste. Como lo expresa su enólogo “Bernie” Bossi, “son todas balas de plata, no podemos fallar en ninguna”. Esta semana probé, junto a Patricio, Berni y el agrónomo Marcelo Canatella, el Grand Vin 2020, el Gran Chardonnay 2023, el Gran Cabernet Sauvignon 2021 y el Gran Malbec 2021. Y como yapa, por uno de esos privilegios que a veces tenemos los amigos, también los de las cosechas que los siguen, pero que todavía no están en el mercado. Cada uno era, efectivamente, una bala de plata, y como suele suceder en esas ocasiones, el vino favorito va cambiando con los minutos o con las horas, según el plato, la temperatura o el ritmo de la conversación. Todos los Homo Felix son estupendos y una fuente de placer, y al fin y al cabo para eso tenemos al vino.

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