
Por Mauricio Llaver
Mi amigo Pancho Páez suele organizar buenísimas juntadas, y esta vez armó una cena con Luis Barraud y Andrea Marchiori en su emprendimiento Marchiori & Barraud Casa de Huéspedes, ubicado sobre la calle Cobos, en Agrelo. Que no sólo sirvió para conocer el lugar (casona de campo, tres habitaciones, master suite con jacuzzi, jardín con huerta, asador, cava de vinos, etc.) sino para probar los vinos de Luis, Andrea y Noelia Torres, enóloga y socia del proyecto, mientras comíamos un asado con una maravillosa cantidad de vegetales cultivados ahí mismo. Los vinos de sus fincas de Perdriel (Viñedo Marchiori y Finca Las Piedras) y de Las Pintadas (Finca La Esperanza, Tunuyán) son uno mejor que el otro, desde los Malbec ineludibles hasta los Chardonnay y Cabernet Sauvignon, que manejan con mano maestra después de lustros de haber trabajado con el californiano Paul Hobbs en Viña Cobos. La cena fue tan cálida y tranquila que me terminé enfrentando al grave problema existencial de tener que elegir a uno solo para este comentario, y, por alguna razón indefinida, me inclino por el Marchiori Barraud Corte 2022, un blend con base de Cabernet Sauvignon de distintas fincas (74%), con 12% de Cabernet Franc, 10% de Malbec y 4% de Merlot, el cual tiene la enorme virtud de estar estupendo para beber ahora mientras se intuye que seguirá en la misma condición durante muchos años. Es un gran vino, de boca profunda y de próximo trago, que con una buena comida y una buena compañía se transforma en una experiencia imbatible para la memoria.

