Mauricio Llaver

Santo Domingo, un paseo por donde comenzó el mundo moderno

Por Mauricio Llaver

Paseo Colón, con la estatua de Cristóbal Colón, la foto icónica de la capital de la República Dominicana.

Cristóbal Colón tiene dos tumbas, si es que alguna es la verdadera, y una de ellas está en Santo Domingo, la capital de la República Dominicana. No es para menos, porque fue el lugar en el que se encontró con América mientras navegaba en busca de las Indias -aunque algunos dicen que más específicamente quería llegar al Japón-, y a partir de aquel descubrimiento cambió para siempre la historia del mundo. Santo Domingo es la primera ciudad europea en toda América (1496) y a partir de ahí todo lo que se creó ese lugar es lo primero del Nuevo Mundo, desde el Fuerte de Santo Domingo hasta la catedral Primada, pasando por la taberna Pate’ Palo, creada por el pirata Pata de Palo en 1505. Caminar por Santo Domingo es una suerte de experiencia inmersiva en la historia, pero en espacio real. Y por lo menos para mí, es significativo y altamente recomendable salir un día de la playa y tomarse una excursión a esta ciudad, ubicada a unas dos horas de Punta Cana.

La Fortaleza de Santo Domingo.

La unificación de la humanidad y el descubrimiento de la ignorancia

Si hay algo sobre lo cual se ha escrito vastamente es la conquista de América, con interpretaciones para todos los gustos, pero puedo recomendar un par de libros con miradas muy profundas y originales al respecto. En “1492: The Year the World Began”, Felipe Fernández-Armesto sostiene que el viaje de Cristóbal Colón no sólo inauguró la expansión europea sobre América, sino el comienzo de la primera verdadera unificación de la humanidad. La tesis es que, hasta entonces, las grandes civilizaciones del planeta habían evolucionado en relativa separación, pero desde 1492 los océanos dejaron de ser barreras para convertirse en puentes permanentes de intercambio, y, a partir de aquel momento, bienes, enfermedades, animales, plantas, religiones, lenguas, tecnologías e ideas comenzaron a circular entre continentes en una escala inédita, integrando progresivamente a Europa, América, África y Asia en un único sistema histórico y económico mundial. Para Fernández-Armesto, la conquista de América marcó así el inicio de la globalización moderna y del proceso por el cual la historia humana dejó de ser una suma de mundos aislados para transformarse en una experiencia crecientemente interconectada. En “Sapiens, breve historia de la humanidad”, el israelí Yuval Noah Harari plantea que el viaje de Colón en 1492 simbolizó para Europa “el descubrimiento de la ignorancia”, porque hasta entonces muchas civilizaciones creían poseer un conocimiento esencialmente completo del mundo y de su lugar en él, hasta que la irrupción de América reveló que existían territorios, pueblos y realidades enteras desconocidas para los europeos. Según Harari, esa aceptación de la propia ignorancia fue decisiva porque impulsó una nueva actitud intelectual basada en la investigación, la exploración y la acumulación sistemática de conocimiento, lo cual sentó las bases de la ciencia moderna, del imperialismo europeo y del extraordinario avance tecnológico de Occidente en los siglos siguientes.

El Faro de Colón, donde se encuentra una de las tumbas que se le atribuyen al navegante genovés. La restante está en Sevilla, España.

Frituras al por mayor

En los hoteles internacionales se puede comer de todo, pero en este viaje me dediqué con enorme vocación a los pescados y mariscos y a todas las comidas típicas que pude encontrar. Hablo de dorado, chillo, tipalia, salmón, calamares fritos y camarones en las formas más diversas, especialmente asados a la parrilla con un pequeño chimichurri. La gastronomía dominicana tiene una base muy caribeña, donde el arroz está presente en casi todo como un inevitable vehículo de sabores. Pero hay mucha fritura, especialmente en el desayuno, donde lo típico es empezar el día con un puré de plátano verde acompañado por queso frito, huevo frito y “salami” frito, una bomba atómica para el sistema digestivo con temperaturas que a esa hora ya están por los treinta grados (yo probé del “salami” frito, que más bien era un salchichón). Entre las comidas más populares está el sancocho, un guiso de tubérculos con carnes de res, pollo y cerdo, y, en el estupendo restaurante Maraca, de Santo Domingo, probé una exquisita comida de campo dominicana, el “tostón de buen pan”, donde el buen pan es una fruta silvestre que se corta en rodajas e, inexorablemente, se fríe en aceite bien caliente no sólo una vez, sino dos. Pero hay que reconocer que es exquisito.

La Catedral primada de América, en el centro histórico de la ciudad colonial.
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