Por Mauricio Llaver

El tenista Rafael Nadal se asoció con la cadena española Meliá para construir un hotel llamado Zel, que ofrece lo que denoniman “una experiencia mediterránea”. Es un hotel grande, ubicado sobre la playa en el estilo de muchos otros en Punta Cana, pero con una distribución de habitaciones, piscinas y restaurantes que permite que se circule con mucha comodidad. Tiene un restaurante central, con comida buffet, y varios restaurantes temáticos, con cocina ítalo-griega, asiática, a las brasas y mediterránea. En uno de ellos (Neguri), que está emplazado frente al mar, se puede hundir los pies en la arena mientras se prueba un pescado del día, unas sepias en su tinta o unos estupendos langostinos a la parrilla. Como en todo sistema all inclusive, se puede comer a cualquier hora del día, con barras de tragos provistas de buenas marcas de bebidas alcohólicas, desde los rones dominicanos Brugal y Barceló hasta el gin Beefeater o Bombay, pasando por varias botellas de Fernet Branca, puestas allí especialmente para los argentinos.


Volando en Space Park
A unos treinta minutos de Punta Cana se encuentra Space Park, un parque temático del que será difícil que me olvide. Es un parque natural, con actividades libres, en el que me tiré por cinco tirolesas y una hamaca, y volé en otra tirolesa que recorre un tramo de un kilómetro de distancia, en la que viví los cuarenta segundos más extraños de mi vida. La atracción se llama “Superman Ride”, y se trata de un arnés de cuerpo entero, que termina haciendo una especie de cama aérea, en el cual a uno lo ponen en posición horizontal a una rampa de lanzamiento y lo lanzan hacia ese recorrido sobre la selva caribeña. Sólo para el lanzamiento hay que subir a una torre de ochenta metros de altura, a la cual se accede por unas escaleras de hierro (absolutamente seguras) que me hacían acordar a las de la NASA cuando los astronautas suben a las naves espaciales. La experiencia es indefinible, llena de adrenalina y, por supuesto, de un miedo que me hizo arrugar unas cuantas veces en los minutos previos. Pero claro que valió la pena y, sin hacerme responsable por nadie, simplemente digo que, si lo pude hacer yo, cualquiera puede hacerlo.


