
Por Mauricio Llaver
Por si hacía falta otra demostración de que el universo vitivinícola es infinito, acabo de conocer los vinos de Viñas del Nant y Fall, que no sólo merecen degustarse, sino que cautivan por la historia que conllevan. La bodega está ubicada en la ciudad de Trevelin, Chubut, conocida por sus tulipanes, y está atravesada por un arroyo llamado Nant y Fall, al cual debe su nombre, ya que “Viñas del Nant y Fall” reconoce que su propia existencia depende de las aguas del arroyo (la denominación proviene del idioma galés, a partir de la fuerte colonia galesa de la zona, y significa “Arroyo de las cascadas”).

La zona de Trevelin sufre un mínimo de 40 heladas por año y, según cuenta Sergio Rodríguez, de la familia propietaria y fundador de la bodega, “las heladas no son estacionales sino permanentes, así que convivimos con ellas”. Por lo cual las 2,5 hectáreas de viñedos están perforadas subterráneamente por caños de agua, que abastecen un sistema de riego por aspersión que se activa automáticamente cuando las temperaturas se acercan a los cero grados. En medio de esa lucha épica con la naturaleza, Viñas del Nant y Fall produce Chardonnay, Riesling, Gewürztraminer y Pinot Noir con unas características únicas, una acidez notable y, especialmente en el Chardonnay y el Pinot Noir, unos grados alcohólicos relativamente bajos (alrededor de 11 y 12 grados).

Durante una fructífera degustación que organizó Anna Bistró, que incluye a estas etiquetas en su carta de vinos, pude probar los Nant y Fall con platos diseñados para acompañar con trufa negra (o melanosporum), un desarrollo de Anna Bistró que ya lleva ocho años y muestra el espíritu innovador de sus socios, Jerome Constant y Philippe Poustoly. Fue un placer absoluto, que me sirvió, entre otras cosas, para descubrir un Chardonnay 2025 que tiene peso propio en la boca, filoso, sostenido en una acidez y volumen remarcables, que le permiten mejorar platos sutiles como la maravillosa causa trufada de langostinos, jamón crudo y trufa que lo acompañó. Lo cual demuestra que, con maridajes así, el universo se puede seguir expandiendo con total provecho para todos.


