Por Mauricio Llaver
A Daniel Pereyra lo conozco desde 1995, cuando trajo por primera vez a Mario Vargas Llosa a Mendoza con la Fundación Alberdi, y desde siempre lo relacioné con el prócer tucumano y “las ideas de la libertad”, cuando eran muy pocos los que hablaban de aquello. Daniel siempre insistió con su credo, incluso en tiempos en que podía ser impopular, pero ahora ha tenido un guiño del destino gracias a que su libro “Alberdi, la indómita luz”, llega en un momento en que dichas ideas se promueven abiertamente desde el discurso oficial argentino. Editado por Grupo Unión, se trata de un capo lavoro, una enorme puerta de entrada para los que tenemos un serio déficit en el conocimiento del inspirador de la Constitución Nacional de 1853 y de la Constitución de Mendoza de 1855. Con prólogo nada menos que de Javier Milei y de Alberto Benegas Lynch (h), “La indómita luz” ofrece un paseo profundo no sólo por la vida de Alberdi, sino, sobre todo, por sus ideas. En ese marco, Daniel hace un buceo notable sobre las posturas del prócer en numerosos temas, a través de una fina lectura de sus obras completas y de sus escritos póstumos, y consigue que, con semejante cúmulo de información, su libro se constituya desde ya en una referencia ineludible en la biografía del intelectual tucumano. Como si eso no bastara, este volumen es sólo el puntapié inicial para una serie de iniciativas denominadas “Sobre el legado de Alberdi”, que incluyen la traducción al inglés tanto de este libro como de su obra completa. “La indómita luz” es un gran trabajo, digno de leer, y un material de consulta imprescindible para conocer el ideario de uno de nuestros padres fundadores.



