
En el centro histórico de Paraty.
UN PAÍS INAGOTABLE. Brasil es inagotable desde el punto de vista turístico, y en los últimos tiempos está poniendo en valor a la Costa Verde, una región en la que se suman una naturaleza vigorosa, la denominada “cultura caiçara” y buenas posibilidades de aventura. La Costa Verde está situada entre San Pablo y Rio de Janeiro, y según por donde se comience o termine un viaje pueden ser útiles los aeropuertos de cualquiera de las dos ciudades, ambos ubicados a alrededor de 250 kilómetros de distancia. Embratur, el organismo que promueve el turismo en Brasil, resalta así sus principales atractivos: aventuras en la naturaleza (parque estadual de Ilhabela); cultura y tradición caiçara (comunidades tradicionales formadas por una mezcla de indígenas, portugueses y africanos); gastronomía autóctona y sofisticada (desde cocina tradicional hasta restaurantes top de nivel internacional); turismo comunitario y de base (respetuoso de las formas de vida de los locales) e historia y patrimonio, con atractivos como la ciudad de Paraty, declarada tanto Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como “ciudad creativa” por su gastronomía. Con todas esas tentaciones, es un viaje para poner en agenda.

POR FERRY HACIA ILHABELA. Ilhabela es una isla preciosa y se trata de una belleza tan aislada que sólo se llega a ella por ferry o helicóptero. El ferry parte desde São Sebastião, tarda unos 20 minutos, y es gratuito para las personas y las bicicletas (los automóviles pagan 30 reales, unos 6 dólares al cambio de hoy). Para los que no estamos acostumbrados a los ferries, la travesía es una experiencia adicional. Y llegar a Ilhabela es adentrarse en una isla que tiene 40 playas y un bosque que ocupa el 85% de la superficie, un verdadero pulmón repleto de naturaleza, protegido por estrictas leyes de conservación.

ACCIONES TODO EL AÑO. La población estable de Ilhabela es de unos 35.000 habitantes, que se triplican en promedio con la llegada permanente de turistas. La temporada alta es de diciembre a marzo, pero el flujo es sostenido durante todo el año, especialmente por la organización regular de festivales de diversas especialidades, desde eventos para deportistas hasta el levantamiento de la veda de la pesca del camarón. Las acciones se refuerzan con el marco natural y cultural de la isla, que posee un centro histórico pequeño y bonito, una apreciable seguridad (“nadie roba porque no tiene hacia donde escaparse”, según un lugareño) y una gastronomía con opciones muy variadas, desde puestos callejeros de dulces hasta restaurantes de fine dining. La urbanización de Ilhabela se concentra sobre la franja Oeste de la isla, con una sola carretera que corre en dirección Norte-Sur, por lo cual un turista puede manejarse por ella con suma facilidad.

TBC EN CASTELHANOS. En los últimos años, Brasil ha impulsado como política de Estado el “Turismo de Base Comunitaria” (TBC), una búsqueda de reivindicación de las culturas tradicionales a través de sus propias expresiones. Una de ellas es la experiencia de la cultura caiçara en la Bahía de Castelhanos, a la cual se accede a través de un viaje en vehículos 4 x 4 de aproximadamente tres horas que atraviesa el Parque Estadual de Ilhabela (la estrechez del camino obliga a establecer horarios de circulación: hasta las 14 horas hacia Castelhanos, y a partir de las 15 desde Castelhanos). Una vez allí, en el marco de una playa de enorme belleza, los lugareños ofrecen experiencias como el salado de pescado para su conservación, con un almuerzo con las mismas materias primas que los han alimentado durante 200 años: pescados, mariscos, calabaza, “farofa” (harina) de mandioca, bananas al horno, tomates y taioba, una hoja nativa que se utiliza con ensaladas y proporciona un toque de sabor parecido al cilantro.


La destilería Pedra Branca, en las afueras de Paraty, donde se produce cachaça, un fermentado y destilado de la caña de azúcar que se puede degustar solo o utilizarse como base para la famosa caipirinha.
BORRACHUDOS. Hay que decir que en Ilhabela también hay borrachudos, unos mosquitos importantes que se toman en serio su tarea. Pero la solución es tan sencilla como utilizar repelente, tanto en crema como en spray, especialmente el citroilha, que se produce específicamente en la isla con ingredientes locales a partir de los conocimientos acumulados durante siglos para combatirlos. Es una molestia que no se puede dejar de reconocer, pero Ilhabela bien vale una embadurnada con citroilha.

EXPERIENCIA EN BIODIVERSIDAD. A unos pocos minutos de Paraty existe la Fazenda Bananal, un bosque de 160 hectáreas que ofrece una experiencia en biodiversidad. Allí hay miles de plantas, entre ellas mandioca, palmitos, açai amazónico y cacao, una multitud de mariposas, árboles de hasta 300 años de antigüedad, monos de diversos tipos y una buena cantidad de animales nocturnos cuya existencia ha sido constatada gracias a cámaras de video escondidas en la jungla. Desde el año 2015, cuando sus nuevos propietarios comenzaron con la regeneración de la foresta, se plantaron más de 30.000 especies nativas de mata atlántica, que se suman a las especies naturales que ya se encontraban allí. Es una buena experiencia, con una caminata a través de plataformas de madera de plástico reciclado, más durable que la madera tradicional.

UNA GASTRONOMÍA QUE ESTÁ MUCHO MÁS ALLÁ DE SU FAMA. Cuando se piensa en Brasil, las primeras imágenes que aparecen son la playa, el fútbol, la música, los bailes y una envidiable alegría de vivir. Pero en los primeros lugares de ese registro no se encuentra la gastronomía, quizás porque ya sea demasiado con todo lo demás, y eso se está transformando en una pequeña injusticia porque Brasil es mucho más que el espeto corrido. Sólo en este viaje he probado cosas extraordinarias como una “pesca del día” presentada sobre un colchón de tres tipos de hongos y brócoli; róbalo con costra de barú (un fruto local), farofa de calamar y emulsión de tucupí; camarones salteados con puré de mandioca y salsa de maracuyá con pimienta baniwa; ensalada de mata atlántica con hojas verdes, “pancs” (hierbas alimenticias, que incluyen flores comestibles que aportan un hermoso color al plato) y tomates asados; moqueca de siri (un cocido de cangrejo); “brizinho com melado” (queso brie envuelto en masa crocante, con miel y especies como cardamomo y azafrán), pulpo a las brasas con legumbres o, sorpresa de las sorpresas, coliflor asada con salsa romesco, ensalada de pancs y castañas tostadas. La gastronomía de Brasil está mucho más allá de su fama y me atrevo a asegurar que es cuestión de tiempo para que se le asigne su justo valor.




