Por Mauricio Llaver
Esta semana estuvo en Mendoza Tomás Cruzat, integrante de una de las familias chilenas propietarias de Bodega Cruzat, y tuve el gusto de degustar el Cuvée Rosé Extra Brut, uno de esos espumantes que, bebidos a la temperatura adecuada, pueden mejorar todo tipo de comidas. Eso ocurrió durante un encuentro con periodistas en la terraza de la bodega, donde Cruzat, director ejecutivo de la firma, contó que la caída en el consumo mundial de bebidas alcohólicas no interfiere para nada en el proyecto, que está pensado con un horizonte de cincuenta años, y que confían en que, elaborando productos de alta calidad, siempre habrá un espacio en los mercados internacionales. La bodega Cruzat tiene la particularidad de estar dedicada exclusivamente a la producción de espumantes, y, por si eso fuera poco, solamente los elabora con el método tradicional francés de fermentación en la propia botella. Desde sus inicios, hace más de veinte años, tuvo la guía de Pedro Rosell, el gran maestro de los espumantes argentinos, a quien actualmente continúa Florencia Cortés en la dirección enológica.


