
Cuando se describen vinos, hay un adjetivo que aparece demasiadas pocas veces: sabroso. Generalmente se dice que tienen aroma o gusto a esto y aquello, y la cantidad de palabras que se utiliza para describirlos es asombrosa, al punto que cuando leo publicaciones especializadas siento una enorme envidia por la imaginación de los degustadores. Pero, insisto, la palabra “sabroso” no es de las más utilizadas, y eso es lo que sentí las dos veces que, en las últimas semanas, probé el Polígonos Cabernet Franc Gualtallary 2024, que produce Familia Zuccardi. El vino es relativamente joven, pero se intuye que va a estar muy bueno durante mucho tiempo, porque tiene una buena estructura y revela unas cuantas capas de sabores, que se abren a medida que la copa se oxigena. Es de un sabor profundo, diría que mineral, que refleja el estudio obsesivo que Sebastián Zuccardi y su equipo enológico realizan 24×7 sobre el suelo de Gualtallary. Lo cual da por resultado un vino que no sólo es una expresión del potencial de la zona sino, principalmente, algo de enorme agrado para el paladar. Y, en el fondo, todo se trata de eso.

