Mauricio Llaver

Un bus vitivinícola que no para de andar

Entre las muchas buenas creaciones de los últimos años en Mendoza está el Bus Vitivinícola, una idea que Claudia Yanzón desarrolló junto a la empresa Cata Internacional. El fin de semana pasado participé de una salida especial a San Juan, donde estuve en la muy interesante Bodega Putruele y me quedé pasmado de asombro en visitas al Parque Nacional Talampaya (sur de La Rioja) y el Parque Provincial Ischigualasto (San Juan). Yo, que siempre tuve la idea de que viajar era sinónimo de tener que usar el pasaporte, puedo decir que conocer ambos parques es una experiencia única, equivalente a muchas grandes experiencias en otros países. Talampaya e Ischigualasto se formaron geológicamente hace unos 240 millones de años, y dejaron unas vistas asombrosas, con una imponencia que desafía a la imaginación y que podría ser una atracción turística internacional de primera magnitud.

El Bus Vitivinícola no sólo nos llevó a esos lugares acompañados por el profesionalismo de Claudia, sino que acaba de lanzar un servicio llamado “Bodegas sin manejar”, que circula por Maipú, Luján de Cuyo y el Valle de Uco, en el cual transporta a los usuarios en ocho salidas por semana a través de 28 paradas fijas en el aeropuerto, hoteles y puntos clave del recorrido. Todo con guías-coordinadores, wi-fi a bordo, paradas en las bodegas y, especialmente, alguien que maneje para que se pueda disfrutar tranquilos de la experiencia de probar vinos. Es una excelente idea, que complementa a otras como el “Mendoza Beer Bus”, donde se puede conocer la fábrica cervecera de Chachingo y disfrutar de unas buenas cervezas artesanales. El Bus Vitivinícola no sólo es una gran ventana para conocer muy bien lo que se ofrece a nuestro alrededor, y que tenemos al alcance de la mano, sino un ejemplo de todas las cosas que se pueden hacer en Mendoza cuando hay ganas y creatividad.

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